Editorial | Un modelo con plazo fijo

Por Jorge Martinez.

Nuestro País tiene la particular característica de distinguirse del concierto de países latinoamericanos porque supimos construir un Estado diferente al resto del continente. La tan mentada “clase media”, fue producto de una construcción colectiva que se produjo a partir de la década del 50 gracias a la implementación de políticas públicas llevada adelante por el Estado con una clara conducción política. Las mismas dieron como resultado una de las sociedades más justas del continente y también mejor distribuidas del planeta. Distribuir la riqueza no es una tarea sencilla. Requiere de una enorme convicción ideológica y determinación política, porque pone en juego los cimientos mismos del sistema de acumulación capitalista. Por mandato histórico el Estado esta llamado a mediar entre las tensiones y los conflictos que se desatan en la sociedad y elegir la forma de intervenir en ellos. Definir un modelo económico y político para implementarlo durante una gestión de gobierno, es también definir un modelo de sociedad. Y si bien no tiene un plazo establecido por imperio legal para su cumplimiento, como los mandatos de gobierno, si tienen un improrrogable límite social, quizás mucho más rígido inclusive que los establecidos por la propia Carta Magna. En esta faceta del capitalismo denominada “neoliberalismo”, los límites son muy precisos y lo establece no solo la experiencia de los países donde fueron aplicados estos modelos sino también la memoria colectiva de nuestra propia experiencia. La combinación explosiva de la liberación del tipo de cambio, apertura indiscriminada de las importaciones, masivo endeudamiento externo, devaluación, caída del consumo, cierre de pequeñas y medianas empresas, brutales aumentos en servicios básicos, ajuste del “gasto” público con el consiguiente aumento de la desocupación y la pobreza, no puede dar otro resultado que una crisis social que tiene plazo fijo. Es necesario advertir de lo peligroso que es en este contexto recurrir a recetas aún más recesivas todavía, porque se pone en juego la integración misma de la sociedad y la República. Ya nos paso no hace mucho tiempo atrás, cuando la implementación de este mismo modelo económico provocó en nuestro País una tragedia social que culminó con más de treinta muertos en las calles, más de cincuenta por ciento de pobres, cerca del treinta por ciento de desocupación y un País al borde de la desintegración. Un modelo económico que genere tales consecuencias en cualquier sociedad no tiene un plazo establecido por Ley pero tiene un plazo fijo que es el hambre; y en la Argentina esta muy cerca.
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