“El carpetazo argentino”: Quinta temporada.

El lugar natural de los carpetazos son los medios, no los estrados judiciales.

Se distribuyó en el 2016 a los medios, una gacetilla en la que se informaba que después de ocho años de trabajo, la Academia Argentina de Letras (AAL) tiene lista una nueva edición del Diccionario del habla de los argentinos. Será la tercera versión de esa especie de biblia que captura las palabras que usamos acá: los argentinismos. En la edición 2017 se agrega el término “carpetazo” y su significado: “Difusión de información comprometedora sobre una persona, en particular un funcionario público o un militante político y a partir de datos provenientes de una carpeta”. Esta primera definición oficial de esta palabra tan popular y tan actual parece acercarse al espíritu de su utilización en la verba general; sin embargo, esta definición de los tiempos del macrismo incurre en afirmar que el dato para procesar viene de “una carpeta”. En realidad la fuente que comenzará a conformar esta “carpeta” es un rumor o una sospecha que viene del antagonismo de los que ganaron sobre los que perdieron o los que se despegaron del círculo rojo del gobierno. Mauricio Macri, fue el primer dirigente que mencionó el mecanismo del “carpetazo”. Desde el periodismo antikichnerista, Luis Majul aseguró en el conservador diario La Nación que el 2013 sería el año de los “carpetazos”. Otra forma de entender esa mecánica es la que sugirió Jorge Fontevecchia en 2013: denominar carpetazo cuando algún funcionario u organismo público le recuerda algo de su pasado y condición a una persona o institución con la cual está debatiendo públicamente. Existe entonces en el periodismo una interpretación bien amplia de lo que antes se denominaba “carpetazo”. Por ejemplo, Perfil asoció en 2015 la difusión de un video de Daniel Scioli a una maniobra de “carpetazo”. Y en realidad se denomina “carpetazo” porque no constituye una causa judicial aún. De eso se van a encargar el poder judicial tan sensible a interpretar las leyes al compás de las presiones oficiales y tan renuentes a cumplirlas. Hay carpetazos que llegan a los estrados; otros sirven para extorsionar que, sin temor a equivocarnos, está condenado por el Código Penal. Pero en esta restauración conservadora se prefiere el Circo Romano de lo mediático a conocer la verdad de las desventuras que se ha sufrido y de las que nos esperan en el porvenir. Es sabido que el fiscal que tiene la causa (no la carpeta) del asesinato del policía en Barrio Las Mellizas, Mauro Maldonado, quiere alguien a quien hacer cargo del homicidio porque si no es incomprensible que tenga detenido a siete sospechosos (a 20 días del hecho); se ve a las claras que no cuenta ni con los atisbos de una investigación. Los detenidos se acusan unos a otros; y van a terminar condenando al boleo, al menos apadrinado o a uno que se haga cargo de la condena por unos pesos todos los meses. Cosa tan común e hipócrita en San Nicolás, y la verdad, tan lejos de las causas, pero tan cerca de las carpetas. La inteligencia no parece ser uno de los instrumentos más eficientes para la colecta de información o datos para los archivos estatales que lejos del profesionalismo, desde la libertadora del 55, junta para la persecución de opositores o para extorsionar a los diferentes poderes. La palabra carpetazo cobró dominio público cuando el ex director de operaciones de la SIDE, Antonio Stiuso refirió que "los Kirchner no utilizaban la SIDE porque tenían sus servicios paralelos, con gente que investigaba para ellos y les armaba sus propios carpetazos". (Fuente www.perfil.com). Lo que confirma que, los carpetazos si bien se visibilizaron ahora con ese nombre; tienen toda una historia en el mundo de la política argentina. [b]El carpetazo nuestro de cada día[/b] El público y los televidentes no tienen el tiempo que se toma el poder judicial para dirimir un fallo. Nuestros televidentes no pueden esperar tres temporadas de las miniseries que ofrece a diario la tele No podemos dejar de mencionar que, por ejemplo en San Nicolás, se necesita un denunciante o el hecho porque este sistema perdió “la gracia” de actuar de oficio y de investigar por sus propios medios. Funciona, prácticamente el sistema, como un almacén de ramos generales que necesita que los “clientes” entren de la mano de sus abogados para consumar la demanda. ¿No es acaso que, el público de San Nicolás, no se percata de que no hay investigación de delitos económicos en la ciudad? Para muestra basta un botón; no hay en la Unidad Penal ni un solo caso de procesamiento por usura. Con la pérdida de la iniciativa por parte del sistema judicial y la pérdida de confianza en los jueces de la sociedad… empezaron a florecer los carpetazos que, comenzaron como instrumentos de los servicios de inteligencia, y se convirtieron en vedettes de nuestras pantallas e inmediatamente adoptada por las redacciones. El lugar natural de los carpetazos son los medios, no los estrados judiciales; la causa se arma después del impacto en los televidentes y lectores. El carpetazo es un “globo de ensayo”, una muestra que mensura “el paladar” y el impacto. Esta manera de informar está reñida con las verdaderas prácticas periodísticas, menosprecia los antecedentes y la investigación. Así los lectores – que deberían ocupar un lugar supremo como destinatarios de la tarea periodística – quedan expuestos a formar una opinión personal sobre el tema, por cierto, demasiado liviana: o se está a favor o se está en contra. Y nada más.
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