Carta a los nicoleños

Estimados lectores, me dispuse a escribir estas líneas porque sinceramente siento mucha preocupación por todo lo que está sucediendo en nuestra ciudad. Pasamos horas informándonos sobre lo que sucede en el país y en el mundo, pero rara vez nos detenemos a ver y pensar lo que ocurre acá, en nuestra ciudad, a pocos metros de nuestra nariz. Una realidad que muchos prefieren ocultar para intentar no padecerla, pero que, tarde o temprano, golpea la puerta. Escribo generalizando, aunque sé que muchos preferimos ver la realidad tal cual es, e intentamos cambiarla para el bien de todos. Por un lado, estamos viviendo una fuerte crisis económica sin precedentes, que no tiene origen en la pandemia, pero sí se vio agravada por ella. Caminar por las calles del centro de San Nicolás genera cierta angustia, cada vez son más los comercios cerrados y los locales en alquiler. Supongo que habrán notado que cada día que pasa hay más gente en situación de calle apelando a la solidaridad de los transeúntes para poder subsistir; el nivel de desocupación es cada vez mayor, y no hace falta un dato estadístico manipulado para saberlo, alcanza con recorrer las calles de la ciudad. Lamentablemente, el Intendente priorizó la recaudación por sobre el bienestar económico de la población; no adoptó ninguna medida paliativa para ayudar a sobrellevar la crisis al sector productivo de la ciudad, sino todo lo contrario, continúa ejerciendo la presión fiscal sobre todos los contribuyentes de manera feroz. Y como si ésto fuera poco, se da el lujo de aumentar trimestralmente los tributos, para resguardarse del efecto de la inflación. No aplica el mismo criterio para la determinación de los salarios. Sería oportuno valerse de sentido común. Al mismo tiempo que los ciudadanos exigimos coherencia al gobierno local, nos convida con un deplorable ejemplo, un empleado municipal encadenado en la puerta de la Municipalidad suplicando al Intendente le pague su sueldo. No he visto a ningún dirigente acercarse para ayudar a este trabajador. A lo mejor no es tiempo de campaña. La esquina de Rivadavia y Pellegrini se ha convertido en el punto de encuentro de muchas personas que reclaman justicia, atención, que buscan respuestas. Pero el timbre de la Municipalidad parece no funcionar. Como sucede con los ex combatientes de Malvinas que aún continúan luchando por su reconocimiento. Esta semana se agruparon en esa esquina para hacer escuchar su reclamo. Sólo buscan, de manera pacífica, hacer cumplir la palabra que Passaglia les diera en campaña, ni más ni menos que los empleos prometidos. Ni hablar del flagelo de la inseguridad, desde hurtos hasta los más atroces delitos se atreven a irrumpir la tranquilidad de la comunidad nicoleña. Delitos que ni las cámaras de seguridad ni toda la estructura policial pueden prevenir, mucho menos castigar. Y no me refiero a incapacidad o falta de preparación, sino a una mala administración de los recursos, tanto humanos como económicos, y a la falta de planificación. La Municipalidad, luego de casi 10 años de la misma gestión, no posee un plan integral para combatir la inseguridad. Vivimos con miedo. Vivimos con miedo e incertidumbre, no sólo porque corremos el riesgo de que alguien nos arrebate la vida por un par de zapatillas o una bicicleta, sino también a contraer este virus que tanto daño ha hecho a nuestra sociedad, y no saber si podremos contar con una cama para internación en algún efector de salud en caso de ser necesaria. Mientras que en la zona norte de nuestra ciudad existe un “hospital” municipal, que no reúne las condiciones para serlo, por ello se reduce a un dispensario grande, el Intendente en medio de la pandemia prometió realizar otro de similares características en la zona oeste. ¿Oportunismo? ¿Por qué no revalorizar y darles herramientas e insumos a los CAPs existentes? Ya nadie cree en estas promesas, como tampoco nadie cree en los informes diarios sobre contagios de Covid-19. El virus avanza sobre la ciudad; ocultar o manipular datos es jugar con nuestro hartazgo, sólo hace que nos relajemos y confiemos en la buena suerte, pero no nos rindamos, es muy importante que seamos responsables en el cuidado y luchemos por protocolos para abrir más actividades. Nos gobierna un Intendente que siempre está en la mira de la Justicia, una característica frecuente de los políticos en las últimas décadas. ¿Por qué debemos acostumbrarnos a que esta clase de personas administren nuestros recursos? Obstinado como pocos, y de una omnipotencia casi divina, el alcalde nicoleño desobedece los mandatos judiciales. Como es el caso del conflicto planteado hace poco más de 10 días entre la Municipalidad y una empresa de logística portuaria, en el cual, debido a una obra de repavimentación no consensuada e intempestiva, se dejó a la empresa sin operatividad. La Jueza que intervino ordenó paralizar la obra y garantizar el normal funcionamiento de la empresa, pero el Intendente hace oídos sordos a la disposición, y aún continúa destruida la calle, como si la hubiera afectado un terremoto. Situación similar ocurre con nuestro Parque Rafael de Aguiar en estos días. Con la excusa de una “revalorización”, la Municipalidad comenzó a extraer los árboles de la reserva ecológica, con las graves consecuencias ambientales que trae aparejado modificar el hábitat de cientos, sino miles, de especies autóctonas. Un Juez de la localidad de Junín se hizo eco del reclamo, y dictó una medida cautelar de protección ambiental sobre el Parque. Sin embargo, esa decisión no fue suficiente, por cuanto un grupo de jóvenes decidió acampar para impedir el acceso de las maquinarias al servicio del desmonte y pavimentación. A ésto hemos llegado, ciudadanos suplicando al Intendente para que desista de la remoción de árboles y modificación de un parque que afectará radicalmente la flora y fauna del mismo. Sabemos que la política ambiental no es parte del plan de gobierno local, mucho menos una prioridad. Sin ir más lejos, podemos remontarnos unos meses atrás, y recordar los estragos de la quema de los humedales en la zona de islas. Con el tiempo y la magnitud que tomaron los hechos, nos enteramos que el hermano del Intendente es dueño de varias hectáreas en esa zona, y resultó ser sospechoso de provocar los incendios. Pero el humo se disipa, y la gente se olvida. Evidentemente, quien está al frente de la Municipalidad no sólo desoye la voz de la autoridad judicial, sino también la de los ciudadanos. Tiene a su cargo la administración de nuestros recursos y nuestra ciudad, no es una empresa privada, debe oír a quienes le concedieron esa responsabilidad. Ignorarnos no es una opción. ¿Hasta cuándo vamos soportar los caprichos de un Intendente que maneja los destinos de la ciudad a su antojo y conveniencia? ¿Hasta cuándo vamos a sufrir el atropello de la Municipalidad? Necesitamos transparencia en el gobierno; a diario nos quejamos de la política nacional e internacional, pero ¿tanto nos cuesta mirar a nuestro alrededor, que tan cerca está y tan mal se manejan muchas cosas? Voces de pasillo afirman que el Intendente “roba pero hace”. Con todo mi respeto a quienes así opinan, les digo que quien roba es un ladrón, sea Presidente, ex Presidente, Gobernador, Intendente, cualquiera el cargo que ocupe. Robar es un delito, y no se debe caer en ese reduccionismo, porque percibe un sueldo por la tarea de gobernar. Cobra para hacer, y cobra para robarnos, somos rehenes de los caprichos e intereses del Intendente de turno. Recuerdo una frase que leí, “felicitar a un político por hacer obras con dinero público, es como aplaudir a un cajero automático por darte tu dinero”. No nos dejemos engañar. Todo gobierno, aun los mejores, no son nada si no existe transparencia y honestidad. Es hora de abrir los ojos, y exigir lo que por derecho nos corresponde. Nos merecemos una mejor ciudad, con más oportunidades.
info@radionoba.com.ar
San Martín 88
San Nicolás, Buenos Aires, Argentina
0336 44 23 710
0336 154 626254
Radio noba © 2017 - 2021  |  
Programado por Fernando Tormo