De cada $100 que gasta el municipio, solo $4 se destinan a salud

La situación de la salud pública en San Nicolás no es para nada alentadora. La gestión Passaglia desfinanció un área que utilizó como bandera.

“[i]En casa de herrero, cuchillo de palo[/i]”. El viejo refrán exige ser utilizado en este artículo. Una de las banderas que la gestión municipal parecía levantar desde los albores del passaglismo era la salud pública. No solo por la profesión del ex intendente, sino además porque había desempeñado durante años cargos públicos vinculados a dicha área. Sin embargo, a 9 años de la llegada del passaglismo al poder [b]los resultados son alarmantes[/b]. En San Nicolás la salud no es prioridad. Esta afirmación escapa a una construcción antojadiza, se basa en hechos. Y si hablamos de hechos es menester comenzar analizando las partidas presupuestarias: en qué se destina el dinero que mes tras mes recauda el municipio con las contribuciones de los nicoleños. Como dábamos a conocer semanas atrás en NOBA, para 2020 [b]la gestión Passaglia recortó en términos reales un 27,22% la inversión en salud[/b]. Se pasó de destinar el 7,33% del total del presupuesto, a destinar el 4,95% ($272.579.488). Es decir, [b]cada $100 que gasta el municipio, tan solo $4.95 se invierten en salud[/b]. Si los números ya generan preocupación por sí solos, la comparación con otros gastos deja en evidencia [b]las prioridades de la actual gestión[/b]. Por ejemplo, la obra de refuncionalización del sector del ex batallón cuenta con una partida presupuestaria de 503 millones de pesos, [b]casi el doble de lo que se destina todo el año a salud[/b]. O bien la construcción del Estadio Único: nos demandó a los nicoleños más de 300 millones de pesos, [b]28 millones más del presupuesto anual de salud[/b]. [b][u]Los dispensarios[/u][/b] Allá por 2011, al comienzo de la gestión de Ismael Passaglia, se produjo [b]el cierre de una decena de dispensarios barriales[/b]. Estos centros de salud son de vital importancia: permiten la atención temprana de los pacientes, logrando que en muchos casos los cuadros no se agraven. La suspensión de estos centros, provocó un nuevo trastorno en los vecinos que debían viajar desde distintos puntos de la ciudad al centro, y trajo consigo [b]la saturación de la guardia del Hospital San Felipe[/b]. Años más tarde, algunos de ellos volvieron a abrir sus puertas, pero con servicios reducidos e insumos insuficientes para atender una demanda creciente. Frente a esto, el gobierno municipal anunció la construcción de un nuevo “Hospital”. La noticia fue recibida con bombos y platillos: era el primer hospital en construirse en San Nicolás en 143 años. Sin embargo, [b]el resultado no fue el auspiciado[/b]. [b][u]Hospital Zona Norte[/u][/b] Presentado como un hospital que en un futuro cercano iba a sumar más servicios, entre ellos internación, [b]el Hospital de Zona Norte quedó reducido a un hospital de primer nivel de complejidad[/b], es decir, a un dispensario con consultorios externos. El municipio desperdició una oportunidad histórica de montar con fondos municipales, en la zona más postergada de la ciudad, un hospital que cuente con servicios de una complejidad similar a la del hospital San Flipe. Por lo contrario, el nosocomio de Zona Norte [b]no cuenta siquiera con camas de internación y mucho menos con respiradores automáticos[/b], dicho sea de paso, elementos esenciales en tiempos de COVID-19. [b][u]Hospital San Felipe[/u][/b] El presente del Hospital que supo ser modelo en la región es inquietante. El nosocomio que depende de la provincia, fue administrado durante años por Ismael Passaglia y posteriormente por su círculo íntimo, situación que se mantuvo hasta enero de este año cuando asumió la dirección el Dr. Pablo Gavazza. Consultado sobre el estado en el que recibió el hospital, Gavazza respondió: “[i]el Hospital San Felipe [b]está en una situación deteriorada[/b]. La gestión anterior ha dejado una situación de abandono en cuanto a infraestructura, personal. […] Estoy tratando de mantener al hospital para que no se [b]siga destruyendo definitivamente[/b][/i]”. Las palabras del flamante director dejan en evidencia la realidad que durante mucho tiempo se trató de ocultar y que quienes recorren diariamente los pasillos del edificio conocen. Para prueba basta un botón: [b]de los 12 respiradores que posee el Hospital solo hay 4 automáticos que se encuentran en funcionamiento[/b]. En tiempos de coronavirus, la salud pública vuelve a colocarse en el centro de la escena. [b]La desfinanciación que sufrió en los últimos años en nuestra ciudad, es la peor cara que muestra la gestión Passaglia[/b]. Además de controles en los accesos, o desinfección de lugares de concurrencia masiva, hace falta algo vital: una verdadera política de salud pública local, que se aleje de la histórica concepción centrista, para abrazar una sanidad pública que llegue a cada rincón de nuestra ciudad y esté al servicio de los que la necesitan.
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