El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes

Por Luis Simonetti.

Cuando encendemos la radio, el televisor, o navegamos por Internet y aparecen los titulares, quedamos mudos, absortos, casi sin reacción de tanto titular negativo. Como si esos titulares fuesen la verdad revelada. Como si detrás de un titular no existiera un interés particular en buscar una reacción, una venta, un beneficio. A quienes nos gusta buscar en la historia y descubrir en que momento dejamos de ser lo que fuimos, o al menos tener una idea de donde venimos para ser lo que hoy somos, descubrimos que hay una pregunta que desde mayo de 1810 sigue flotando en el aire, y que nunca ha sido respondida del todo. Siempre digo que las respuestas a nuestros problemas de hoy, están allí, en la historia pero es como que nos negamos a tomar decisiones que nos saquen del pozo siguiendo en el mismo camino para pretender obtener diferentes resultados. Muchachos, si seguimos la misma matriz de improvisación, mechada con intereses partidistas, personales con una gran cuota de corrupción, no hay mucho mas...el resultado siempre será el mismo. En 1.780, el virrey Vértiz instaló la primera imprenta de Buenos Aires con un objetivo: recaudar fondos para la institución que había creado un año antes, la Casa de Niños Expósitos. Aunque nunca resultó lo suficientemente rentable, durante el Siglo XIX la imprenta cumplió un papel histórico clave. Allí se publicó el primer periódico criollo "Telégrafo Mercantil", en el que muchos gestores de la patria difundieron sus opiniones. Intereses de uno y otro lado. A ver si entendemos: cuando nació, esa imprenta fue funcional a los españoles quienes buscaban neutralizar la propaganda inglesa difundida en América Latina. Como vemos, aunque encubierto y sin fueros, un periodismo “independiente” llamado cuarto poder que nunca faltó, pero que siempre fue poderoso y desequilibrante desde entonces (a buen entendedor, pocas palabras. Se mantiene hasta hoy). El pequeño taller, que con bastante desacierto los ingleses pasaron por alto durante la invasión de 1.806, fue el mismo que cuatro años después imprimió las proclamas, manifiestos y decretos de la Junta de Gobierno Patrio. Máquinas y gente eran los mismos. En junio de 1.810, fue testigo del nacimiento de “La Gazeta de Buenos Ayres”, el principal medio de difusión de la Revolución de Mayo. En el número uno, su editor, Mariano Moreno, escribió: “[i]El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes[/i]”. Siendo esta y a mi juicio una proclama honesta y verdadera. Y me pregunto como respuesta a un interrogante nunca bien aclarado, si no nacimos prematuramente. Con objetivos contradictorios desde los inicios como Patria, por parte de las diferentes facciones: la Independencia de España, la introducción del progreso del mundo y mantener una base estructural similar a la de la colonia. La convulsión interna pasa desde el júbilo por emanciparse, al canibalismo de la desorganización. Una caprichosa Buenos Aires queriendo sobreponerse al caudillismo del interior, con una “Docta” Córdoba que actuaba como independiente a veces, pero sigilosa espectadora del desarrollo de los hechos, aportando los hombres más influyentes fuera de su escenario natural. Si uno lee atentamente la historia y los diferentes autores, coincidimos en que no hay consenso ni claridad sobre el objetivo de la lucha por buscar un destino cierto. A dos años de la Revolución, San Martín, ese joven y experimentado militar que prepara la más grande epopeya militar de las Américas, reclama un acta donde quede firme que represente de verdad a una nueva Nación. Pero como siempre nos sucede para definir las cosas importantes o prioritarias, deberíamos esperar 6 años para pretender tener un Acta de Independencia (Y sin siquiera contar con la presencia de todas las Provincias). ¿Será entonces una Nació que, con emplastos y ante la desesperación de sus líderes y caudillos, corone un rey fantoche que apacigüe la Santa Alianza?¿Inclusive consiguiendo el apoyo de Gran Bretaña, años antes nuestros invasores? Y probamos diferentes recetas: la Primera Junta con nueve miembros, sucedida por la Junta Grande, constituida por demasiados diputados, sustituida enseguida por una menor expresión; el primer Triunvirato, para ser reducido a la mínima expresión: la de Director Supremo, como si el afán democrático del principio se rindiera a la autoritaria forma de la jefatura ejecutiva de un gobierno unipersonal, con el absolutismo de un rey...¿O reina eterna, como pretendimos tener no hace mucho? ¿Cualquier similitud con la realidad, luego de 202 años, será mera coincidencia? Y así hemos transitando estos 202 años. Hoy, pese a las variadas recetas de la abuela, seguimos en deuda con una parte importante de nuestros habitantes, porque como escribió en ese primer diario de 1.810 don Mariano Moreno que “[i]El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes[/i]”, seguimos sin haberlo conseguido. Hemos decidido mirar hacia un costado anteponiendo la propia necesidad a la del bien común, mientras seguimos desangrándonos en una agonía interminable. Porque precisamente esa conducta poco clara y equívoca de nuestros representantes nos han llevado a una realidad en crisis. Esa agonía que nos lleva a pensar en un sálvese quien pueda. Ojalá reflexionemos. Estamos tan bendecidos que siempre estamos a tiempo. Aunque creamos que sea tarde, si obramos con honestidad y actuamos con el corazón, dando una mano a aquel que se encuentra en dificultades, seguramente saldremos adelante. Pero esa honestidad y corazón deben estar también a la hora de elegir. No olvidemos que tenemos derecho a saber la conducta de nuestros representantes. Ellos viven de, por y para nosotros. Son servidores de la Patria. Esa Patria que pretende ser desde 1.810 y que, mal o bien, somos todos.
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