Tener fueros: El privilegio de unos pocos

Por Luis H. Simonetti.

Muchas veces utilizamos palabras sin saber de donde provienen. Las tenemos tan arraigadas que si nos preguntasen su significado, sobre todo si están asociadas a una frase, daríamos una explicación quizá “de diccionario”, desconociendo el origen, y con ello, su verdadero significado. Hoy, por causas que son de conocimiento público nos encontramos de uno y otro lado de una grieta social, tomando partido por aquello que creemos justo o que nos han hecho creer, sin detenernos en el verdadero fondo de la situación. Tanto Senadores como Diputados, gozan de un beneficio Constitucional llamado “fueros”. De esta manera, ese privilegio que mantienen ante algunas situaciones que no gozamos el común de los ciudadanos, los hacen diferentes. Intocables casi. Y se olvidan del verdadero significado de la palabra “Fuero”, que tiene mucho que ver con la “Palabra de Honor”, esa que nos enseñaron los padres y abuelos de aquellos que rondamos los 55, y que hoy se ha perdido en algún lugar. [u][i][b]Tener fueros:[/b][/i][/u] Allá por el año de 1892 , en México, murió don Carlos Fuero. Cuenta la historia que en oportunidad de encontrarse ese país bajo la guerra Civil y a la caída de la ciudad de Querétaro, quedó prisionero de los "Juaristas" el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Severo del Castillo fue condenado a muerte y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. La noche anterior de la ejecución del general don Severo del Castillo, mandó a llamar al Coronel Fuero, quien dormía cuando su asistente lo despertó. Fuero, se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que el General don Severo del Castillo, había sido amigo de su padre: - Carlos -le dijo el General-, perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas pocas horas de vida, y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez. - Mi General -respondió el Coronel Fuero-, no creo que sea necesario que vengan esos señores. - ¿Cómo? -se irritó el General Del Castillo-. Deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario? - En efecto, mi General -repitió el Coronel republicano-, no hay necesidad de mandarlos a llamar. Con mi permiso, usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese. El General Don Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel Fuero, era extraordinaria: - Pero, Carlos -le respondió emocionado- ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento? - ¡¡Su palabra de honor, mi General!! -contestó Fuero. - Ya la tienes -dijo don Severo abrazando al joven Coronel-. Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia: - El señor General Del Castillo, va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo me quedaré en la celda en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted a despertar. A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sóstenes Rocha, el encargado de la guardia le informó de todo lo sucedido. Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo. - ¿Qué hiciste Carlos?¿Por qué dejaste ir al General del Castillo? - Ya volverá -le contestó Fuero-. Y si no lo hace, entonces me fusilas a mí. En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera: - ¿Quién vive? -gritó el centinela- - ¡México! -respondió la vibrante voz del General del Castillo-, un prisionero de guerra. Cumpliendo su PALABRA DE HONOR volvía Don Severo para ser fusilado. El final de esta historia es feliz. El General Severo del Castillo no fue fusilado. La historia corrió rápidamente y llegó a los oídos de Don Benito Juarez quien, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra el Coronel Fuero. Ambos eran hijos del Colegio Militar Mexicano; ambos hicieron honor a la Gloriosa Institución. Ambos hicieron honor a su palabra. De allí deriva/proviene la palabra "Fuero": tener "Fuero" es tener un privilegio, que debe sustentarse en la "palabra de honor". Es ese juramento que todos nuestros políticos han olvidado y hecho a un lado para gozar de canonjías (Muchos privilegios por poco trabajo) y privilegios absolutamente extravagantes y fuera de la ley, en resumidas cuentas, para cometer un abuso de poder sin límites, ni vergüenza. Pero también muchos de nosotros, los ciudadanos de a pié, hemos olvidado lo que es tener "Palabra de honor", eludiendo nuestras responsabilidades, evitando compromisos y engañar, muchas veces hasta a los mas cercanos, los más allegados, nuestros amigos, compañeros de trabajo, y lo peor de todo: Nos engañamos a nosotros mismos.
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