En el día del abuelo, por la mejor función del circo

Por Luis Simonetti.

Este día lluvioso de invierno en que se recuerda especialmente a los abuelos tiene algo especial para mi. Recuerdo en especial a mi abuelo. Era un hombre callado, honesto, un alma de Dios que me enseñó el significado de un abrazo en silencio. Y de esa rara mezcla de silencios y gestos, me viene a la memoria una de las mejores enseñanzas de mi vida que me marcó incomprensiblemente en ese momento y que los años me devolvieron con la comprensión el resultado de aquel gesto. Cada verano, mi pueblo de la infancia era visitado por inmensos circos. Al día siguiente de la llegada de esa pequeña Ciudad de lonas, carruajes, casillas y jaulas móviles, se veía desfilar por la calle principal del pueblo un cortejo de enanos bailarinas en diminutos vestidos transparentes, payasos sobre “zancos”, jaulas de animales nunca vistos para nosotros salvo en libros o películas de tierras muy lejanas como leones, osos, elefantes, etc. Era todo algarabía cuando llegaba semejante espectáculo al pueblo. La vida misma del tranquilo lugar se veía alborotada durante algunas semanas por la llegada del Circo. Se contrataban vecinos para levantar la imponente y luminosa carpa. Recordando a mi abuelo, me viene a la memoria esa noche en que estaba con él haciendo cola para comprar las entradas para el circo. Ëramos los últimos de la fila. Solo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Recuerdo que esa familia me impresiono mucho. Eran ocho chicos todos probablemente menores de doce años. Por las ropas que vestían, se notaba que era una familia humilde (Hoy me sonrío del dicho de mi abuela cuando decía: "¡¡Pobres pero limpitos!!"). Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la cola, de a dos detrás de los padres tomados de la mano. Hablaban con excitación de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Seguramente esa noche iba a ser para ellos un hecho saliente en su vida. Hoy no se si ellos la acordarán pero a mi me marcó para toda la vida. El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. La madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: " Eres mi héroe". Él sonreía, el pecho henchido de orgullo y mirándola como si respondiera: "Viste que pudimos traerlos". La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuantas entradas quería. Él respondió con orgullo: "Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos, para poder traer a mi familia al circo". La empleada le indico el precio. En ese momento, la mujer soltó la mano de su marido, ladeo su cabeza y el labio del hombre empezó a torcerse. Este se acerco un poco mas y pregunto: "¿Cuánto dijo?" (La empleada volvió a repetirle el precio). ¿Cómo iba a darse vuelta y decirle a sus hijos que el dinero que había ahorrado no le alcanzaría para pagar las entradas y que no podrían ver la tan soñada función del circo? Viendo lo que pasaba, mi abuelo con su silencio y observancia de siempre hizo un gesto que para mi en ese momento fue descuidado y sacando uno billete lo tiro al suelo. Seguidamente mi abuelo se agacho, recogió el billete, palmeo al hombre en el hombro y le dijo: "Disculpe, señor, se le cayo esto del bolsillo". El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incomoda. Miro a mi abuelo directamente a los ojos, con sus dos manos le tomo la suya, apretó el billete y con labios trémulos y una lagrima rodándole por la mejilla, replico: "Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí". Mi abuelo me tomó de la mano y sin mucha explicación volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. Esa noche no tuve función de circo. Creo que me dormí llorando en el silencio de mi cuarto sin comprender que era lo que había sucedido. Hoy no lo recuerdo. Creo recordar vagamente que antes que el circo partiese del pueblo, asistí a alguna de las funciones. Pero de lo que si estoy seguro es que esa actitud incomprensible en ese momento dejó una marca profunda hasta tal punto que mas de una vez se me ha caído un billete del bolsillo privando a mis hijos de alguna función de cine, o de alguna comida. Y no me arrepiento. Ni mis hijos… Por eso en este día tan especial, le pido a Dios nunca perder la observancia de la necesidad del otro aunque eso signifique a veces sacarle un poco a mis hijos. Porque se que con el tiempo ellos comprenderán que las mejores cicatrices, las que nunca se olvidan y dejan huella para toda la vida son aquellas que han dolido con un dulce sabor a enseñanza. Que sean ellos también quienes dejen caer un billete y perderse una función de circo. Y hacer así una cadena interminable de sueños. Aunque signifique dar hasta que duela. Esa noche con mi abuelo nos fuimos sin poder disfrutar una función. Pero no nos fuimos sin nada... ¡¡Felíz día Abuelo!! Gracias por la mejor de todas las funciones de circo.
info@radionoba.com.ar
San Martín 88
San Nicolás, Buenos Aires, Argentina
0336 44 23 710
0336 154 626254
Radio noba © 2017 - 2020  |  
Programado por Fernando Tormo