Tan solo un niño

Por Luis Simonetti.

Que lindo cuando cae la noche y uno puede tener la dicha de sentarse un rato frente al fuego para rumiar. El hombre produce tantas cosas cuando se detiene en ese momento y re-elabora lo que ha consumido durante el día. Me he obligado a aislarme un momento, necesito rumiar en el silencio del anochecer…. Me quema por dentro tanta violencia de todo tipo. Tanto egoísmo, tanta falta de compromiso ante el resultado de nuestras propias irresponsabilidades. Y ante la falta de dignidad, de reconocimiento de nuestras propias limitaciones, vamos por lo mas sencillo: Que se hagan cargo otros. ¿Donde quedó el País que se distinguía de los demás por apostar a la vida por sobre todas las cosas? Si bien tengo una postura clara, trato de interpretar una propuesta de eliminación de un ser viviente fuera de los principios, fuera de la razón, pero nada me convence. Busco desde la salud, y no puedo encuadrarlo allí, ya que está más que claro que no es un tema de salud, transmitiendo un problema de decisión personal a un médico que juró desde lo más profundo de sus ideales trabajar por salvar vidas, generando con ello un tema de conciencia en el otro, con tal de salvar la mía. ¿Quizá debiéramos encuadrarlo desde la Educación? Y acaso... ¿Esa educación no es un tema que debe tratarse dentro del seno familiar? Claro, la Familia como célula social, está desde hace años destruida. Y sería traspasarle la responsabilidad a los docentes. Trato de consolidar una postura y voy a lo que hemos legislado, sino a los compromisos que hemos tomado ante el mundo, porque no podemos vivir en una cápsula. Caigo en interminables artículos e incisos de los cuales podríamos deducir lo siguiente: tanto la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH), como la Convención de los Derechos del Niño (CDN), terminan dejando en claro que se protege la vida desde la concepción. Mi Religión, la cual ni me obliga ni me droga, sino que la he elegido desde mi libre albedrío, sencillamente me dice: No matarás. Y mientras el frío se siente ante un invierno crudo de abrazos mutuos, de entendimiento de los problemas ajenos, de egoísmos propios y de intereses perversos de una y otra parte, me viene a la memoria un hecho ocurrido en un viejo andén de estación: Quema aún en mis oídos una frase lanzada al aire de un niño de cuatro años. La madre apenas podía mantenerse sentada en el andén esperando un tren tardío. Una panza a punto de estallar casi le cortaba la respiración. Y su cachorro de unos cuatro años, jugaba alrededor de ella. Como al descuido, queriendo ser amable, tal vez gracioso, saludé a la mujer, como quien quiere ofrecer ayuda, o algo. La veía sufrir en su estado y hasta me veía partero de estación. Amable saludó con dos ojos como jagueles, con una paz mezcla de sufrimiento que me maneó al lugar y queriendo salir del brete, le digo al cachorro: [i]- ¿Asique estás esperando un hermanito?[/i] [i]- No[/i] -respondió casi sin mirarme, entretenido con una botella vacía-. [i]No estoy esperando un hermanito.[/i] Me quedé como estaqueado, pensando que había metido la pata. Quién sabe quién sería el padre de uno u otro. Tanta cosa anda enredada en los jardines del creador, que no sabía como aflojar la cincha. La pata ya la había metido en todo caso. Y como gringo pampeano, cabeza dura y queriendo romper el silencio, volví a la carga contra el cachorro. [i]- Asique no estas esperando un hermanito, osea que tu mami no está esperando un bebe. ¿Se habrá comido muchas empanadas de golpe? -Con una sonrisa y un guiño de ojo busqué la complicidad de esa madre, a punto de desfallecer que sonriendo miraba como su hijo seguía dándole importancia a las cosas importantes... su botella-.[/i] Ignorante el cachorrito, pensé. O mal arriado. ¿Tendrá idea este de donde vienen los hermanos o creerá que venimos de un huevo? El yugo se me hacía pesado y me estaba por resignar a un ridículo. Y sucedió. Levantó unos ojos negros y redondos como luna nueva, fiel reflejo de su madre, tal vez molesto por tener que interrumpir el juego de la botella, y entre unas muecas de mocos sucios lengueteados para poder responder, y la mas cruel de todas las inocencias me lanzó: [i]- Mi mami no está esperando un hijo. Mi hermanito ya vino, está en la panza desde el primer día.[/i] Se me hizo un nudo en la garganta y me costó tragar. Una neblina me vino a los ojos y me sentí el gringo más ignorante del universo. Desde algún lado el creador sonreía. El cachorro todo una cajita de sorpresas: “Mi hermanito ya vino, está en la panza desde el primer día”. Nos hemos acostumbrado tanto a la frase que una madre en estado parturiento está “Esperando un bebé”. Y en esa errónea concepción de la vida, nos enterramos en un chiquero de filosofías variadas para poder disponer sin culpa de la vida de una inocente criatura que no puede defenderse, mientras un niño en la plenitud de la inocencia, con pocas y simples palabras tiró por tierra toda explicación médica y filosófica. ¡¡La pucha con los cachorros!! El tren llegó en un andar cansino, como quien no tiene prisa. Los pasajeros subieron y emprendió la marcha lentamente. Yo me quedé mirando hacia la nada, hasta que mis ojos chocaron con el rostro de aquel niño que se había asomado y me miraba fijamente. No sé porqué, pero se me llenaron los ojos de niebla al pensar en tanto homicidio sin dolor ni conciencia y el nudo en la garganta solo permite pasar unos amargos. Y aun así, no he podido sacar el sabor amargo de la lección. Ojalá podamos encontrar un punto intermedio en donde, pese a todas las diferencias, la madures nos lleve a decidir mantener la vida del inocente por sobre todas las cosas. A mi al menos, un cachorro jugando con su botella me dio el mejor alegato a favor de la vida: [i]“Mi hermanito ya vino. Está en la panza de mamá desde el primer día…”.[/i]
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