Mauricio en el país de las Maravillas

A diferencia de la obra de Lewis Carroll, en este país no vamos a encontrar criaturas fantásticas como el Conejo Blanco, la Oruga Azul, el Sombrerero o el Gato de Cheshire (no viene al caso hacer el chiste fácil). En este país de las maravillas en el que se sumergió Mauricio, nos encontramos con otras invenciones que a primera vista nos demandan la misma destreza intelectual para poder imaginarlas: una economía en crecimiento, un país que está direccionado en el camino correcto, un aparato industrial en desarrollo, un gobierno que apuesta a la educación y al empleo de calidad. El discurso que brindó el presidente Mauricio Macri este viernes frente a la Asamblea Legislativa, fue el último de su primera gestión frente al ejecutivo. Transitando el cuarto año de su gobierno tenía la oportunidad de dirigirse a los más de 40 millones de argentinos en Cadena Nacional y comunicar un balance de su gestión, detallando cada uno de sus logros. Sin embargo, el máximo mandatario se vio en jaque por los magros números que arrojan todos los indicadores sociales y económicos que nos retrotraen al año 2002, post crisis. El presidente se vio obligado a dar un discurso sostenido constantemente en lo emocional, tomando como pilares fundamentales la esperanza y la fe, la lógica de “estamos mal, pero confíen que en el futuro vamos a estar mejor”. Se trata de un discurso que allá por 2016 tenía cierta lógica, pero que en el último año de su gestión queda reducido a un mensaje desesperado, de un gobierno que está utilizando hasta el hartazgo los mismos argumentos vacíos para poder contener al electorado que supo elegirlo en 2015 y volver a legitimarlo en 2017. Sabido es que si la gestión de Cambiemos tiene un fuerte, este es la comunicación. Y el discurso de ayer, desde lo “técnico”, no fue la excepción. Un Mauricio Macri bien coacheado, un discurso breve y conciso, palcos repletos de militantes de Cambiemos que supieron aplaudir constantemente al presidente (incluso más que sus propios legisladores), mensajes dirigidos directamente a la oposición, en fin, un discurso a lo Durán Barba que finalizó con Macri mirando a cámara, y con un tono de voz elevado, reafirmando su poder y su compromiso de que Argentina salga adelante. “La única verdad es la realidad”, decían un viejo filósofo griego y un ex presidente argentino. Más allá de la emoción que podía contener el mensaje del presidente, la realidad terminó de desarmarlo. “Si no hubiésemos tomado las decisiones que tomamos, la economía hubiese colapsado. Para normalizarla propusimos un camino gradual que fue exitoso por dos años y medio. Creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión, las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700 mil puestos de trabajo", afirmó Mauricio Macri con su mirada todavía en el papel. Los datos no solo faltan a la verdad sino que son una muestra del cinismo del presidente en su máxima expresión: en el período 2016/2018, el PBI cayó un 1,6%, el empleo privado perdió 80.463 puestos de trabajo, el consumo minorista cayó un 13,8%, los salarios reales cayeron un 13,5%, la inflación alcanzó el 47,6%, la cifra más alta de los últimos 27 años y la pobreza subió al 33,6%, la cifra más alta de los últimos 10 años. La Argentina del 2019 se aleja bastante del “país de las maravillas” que describió nuestro presidente frente a la Asamblea Legislativa. Continuando con el análisis del discurso, se observa una premisa sobre la cual se sostiene el relato. “Tuvimos 3 shocks imprevistos” fue la frase que utilizó el presidente para volver a justificar la crisis con la sequía del año pasado y con el contexto internacional. Lo cierto es que la responsabilidad del impacto que tuvieron estos “3 shocks” en la economía argentina no deja que caberle a su gestión, que fue la que eliminó las herramientas que poseía el Estado para regular el mercado financiero, y promovió de manera deliberada el carry trade (la bicicleta financiera), que nos sumergió en un endeudamiento de más del 77% del PBI (un incremento del 43%) y una fuga de capitales que alcanza los U$S 63.000 millones. ¿Cuántos hospitales, escuelas, viviendas se podrían construir con ese dinero? ¿Cuantas pymes podrían instalarse en nuestro país si ese dinero se volcara en el mercado interno? En los 58 minutos que duró su exposición, el presidente afirmó en reiteradas oportunidades su compromiso para con la educación, entendiéndola como la herramienta para alcanzar la pobreza 0 en nuestro país. Una vez más, las acciones de su gobierno lo contradicen: el presupuesto que elaboró Cambiemos para 2019 recorta un 8% en materia de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología. Además, según se desprende de estadísticas oficiales que relevó el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), el salario real actual de los docentes -descontada la inflación oficial acumulada en los últimos dos años- es, en promedio, 6 puntos porcentuales más bajo que el de 2015. ¿Acaso es ese el camino para tener en nuestro país una mejor educación, con salarios más bajos y partidas presupuestarias recortadas? El aumento del 46% para las AUH, fue el único anuncio concreto que Mauricio Macri dio en sentido a acompañar a los más necesitados, en medio de promesas de un bienestar futuro que solo se puede sostener desde la dialéctica y que se asemeja a la lógica cristiana de sufrir en la vida terrenal en pos de un futuro bienestar eterno. Todas las consultoras auguran un 2019 más que complicado para nuestra economía, con tarifazos en luz y gas ya en marcha para los próximos meses y con una recesión que se continúa acentuando. En la obra de Lewis Carrol, Alicia termina despertando y se da cuenta de que todo fue un sueño. De que ese mundo maravilloso no existía, y había sido producto de su imaginación. ¿Cuándo despertará Mauricio Macri?
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