1° de mayo: Día del trabajo

El Día Internacional del Trabajo es el único feriado en el mundo entero; aunque en algunos lugares del planeta se conmemora en octubre. Pero lo cierto es, que en la mayoría de los países se recuerda a los mártires de Chicago. El movimiento obrero argentino, que forjó jornadas de lucha memorables, hoy recordará este día sin respaldo oficial y con la amenaza de una reforma laboral. Una de estas jornadas de lucha pasó a la historia argentina como la masacre del Primero de Mayo en la Plaza Lorea (hoy Plaza Once). Aquí esa historia que llega hasta nuestros días. [b]Una vieja historia de sangre obrera[/b] El 1° de mayo de 1909, durante la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, se produjo la llamada masacre de la Plaza Lorea de Buenos Aires. La Federación Obrera de la República Argentina (FORA anarquista) y el Partido Socialista convocaron a actos separados. El acto del socialismo transcurrió con normalidad, pero el acto de la FORA fue severamente reprimido por la policía, bajo las órdenes directas del coronel Ramón Falcón que se hallaba presente en el lugar y, que según el cronista del diario La Prensa, dijo: "Hay que concluir de una vez por todas con los anarquistas". Once obreros murieron y decenas de personas fueran heridas por la policía, que disparó indiscriminadamente contra la multitud cuando ésta se estaba dispersando. En respuesta a la masacre, la FORA y la Unión General del Trabajo (UGT socialista), con el apoyo del Partido Socialista, llaman a la huelga general por tiempo indeterminado, que tuvo una adhesión total por parte de los trabajadores. Buenos Aires y varias ciudades quedaron completamente paralizadas durante una semana. El 4 de mayo se realiza el entierro de los muertos con una movilización de 300.000 personas, reprimidas nuevamente con un saldo de otro muerto más y decenas de heridos. En el cementerio hablaron las tres corrientes: el anarquista Juan Bianchi (FORA), el diputado socialista Alfredo Palacios (PS) y el sindicalista revolucionario Luis Lotito (UGT). El día 8 de mayo la huelga sigue y el gobierno acepta negociar con el Comité de Huelga (FORA, UGT y PS), llegándose al siguiente acuerdo: abolición del Código Municipal de Penalidades, libertad de todos los presos por causa de huelgas y reapertura de los locales obreros. Por primera vez en la historia de las huelgas generales un gobierno pactaba con los obreros. Los asesinatos no fueron investigados y Ramón Falcón fue felicitado por el presidente José Figueroa Alcorta, en un acto del que también participaron los ejecutivos de la Bolsa de Comercio. El 14 de noviembre de 1909 un joven anarquista, Simón Radowitzky, asesinó al comisario Ramón Falcón y a su secretario, en venganza por la masacre del 1° de mayo. Radowitzky sería indultado veinte años después por el presidente radical Hipólito Yrigoyen. Los sectores conservadores, por su parte, elevarían la figura de Falcón a la condición de héroe y mártir de la lucha contra las fuerzas apátridas, construyendo monumentos y denominando con su nombre a la Escuela de Cadetes de la Policía Federal Argentina, hasta que por resolución 167/2011 del Ministerio del Interior pasó a llamarse "Comisario General Juan Ángel Pirker", en memoria del primer Jefe de Policía designado con la recuperación de la democracia el 10 de diciembre de 1983. Hoy, en San Nicolás una avenida aún lleva el nombre del comisario Falcón; y la Autopista el nombre del dictador Pedro Eugenio Aramburu; ambos aborrecidos por la clase obrera argentina.
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